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Revolución Francesa

En HISTORIAFRANCIA.COM dedicamos una página a la Revolución Francesa porque fue el hecho de mayor trascendencia dentro de la historia francesa y mundial. Este proceso político, social, económico y cultural se produjo entre 1789 y 1799, provocando el fin de la monarquía absoluta en Francia y generando transformaciones democráticas de gran profundidad. La Revolución Francesa fue hija de la Ilustración, un movimiento intelectual de los siglos XVII y XVIII que planteó entre muchos conceptos, la idea de que el ser humano es un ser racional. “Pienso, luego existo” fue la frase célebre de Descartes, autor francés fundador del Racionalismo.

Los principales ilustrados en la historia de Francia fueron Diderot, D’Alembert, Rousseau y Voltaire, quienes ejercieron una honda influencia en el arte, la ciencia y la política de la época. Entre las “nuevas ideas” fundamentales de la Ilustración es posible mencionar: división de poderes, constitucionalismo, soberanía popular, libertades individuales, igualdad ante la ley, ciudadanía, propiedad privada, laicismo (separación del Estado y la religión) y liberalismo económico.

Además de la influencia de la Ilustración, varias fueron las causas de la Revolución. Aquí en HISTORIAFRANCIA.COM las señalamos. Por un lado, se produjo una fuerte crisis económica que llevó a la bancarrota del Estado francés. El famoso despilfarro de la corte de Luis XVI y su esposa María Antonieta, las malas cosechas y los gastos por la ayuda prestada en la Independencia de Estados Unidos contra Gran Bretaña, destruyeron la economía e impusieron aumentos en los impuestos, así como también el cobro de impuesto a los nobles, hasta entonces exentos. Esto produjo la inmediata reacción de la nobleza, que aspiraba a mantener sus privilegios feudales.

La burguesía francesa (profesionales, comerciantes, banqueros y artesanos), por su parte, deseaba tener participación en el poder político y gozar de libertad económica. Exigía la igualdad civil respecto de la nobleza y del clero, los dos estados privilegiados con el absolutismo. Por ello cuestionó la monarquía absoluta, se convirtió en motor de la Revolución y pasó a ser parte de la historia de Francia para siempre. Además, los campesinos vivían en una situación miserable, entregando sus cosechas a los nobles y al clero. Los agricultores más desarrollados, por su parte, debían pagar altos impuestos, el diezmo a la Iglesia y no podían competir con los monopolios de la nobleza. Esta coyuntura de la historia francesa llevaría al desarrollo revolucionario, de grandes efectos.

El Rey Luis XVI y sus asesores decidieron aumentar los impuestos e imponer su pago a la nobleza para reducir el déficit del Estado. Entonces los nobles, que se negaban a perder sus privilegios, exigieron convocar los Estados Generales, una asamblea en la que los tres estamentos sociales votaban, con mayoría de nobles y clero. Los burgueses, por otro lado, exigieron tener tantos diputados como los otros dos estados juntos. Esto de por sí significó un cambio trascendental. Se convocaron los Estado Generales en Versalles y dado que los representantes del tercer estado (que incluía fundamentalmente burgueses y también campesinos) se negaron a votar por separado, en junio de 1789 convocaron una Asamblea Nacional que se convertiría pronto en Asamblea Constituyente. Ya la Revolución estaba en marcha, dado que dicha asamblea había desconocido la autoridad del rey para disolverla y se había declarado soberana, por primera vez en la historia francesa.

El rey quiso imponer su autoridad mediante el ejército, pero esto fue imposible. La Asamblea le exigió que retirara las fuerzas armadas y al no hacerlo, el 14 de julio de 1789 se produjo la Toma de la Bastilla, uno de los episodios simbólicos más fuertes de la historia de Francia. El pueblo de París se levantó en armas y se adueñó de la Bastilla, la prisión que proveyó de armas y municiones a los revolucionarios. Pronto los sucesos parisinos tuvieron repercusión en las demás ciudades francesas y también en el campo, en donde se produjeron graves incidentes contra la nobleza terrateniente. La Asamblea Constituyente, integrada en su mayoría por burgueses, suprimió los derechos señoriales y proclamó el 26 de agosto de 1789 la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano: igualdad social ante la ley, libertades individuales, garantías contra abusos estatales, protección a la propiedad privada, libre iniciativa económica, soberanía popular, igualdad en el acceso a puestos civiles, políticos y militares y abolición de los derechos señoriales fueron los principios básicos de dicho documento clave de la historia francesa.

Los clérigos debieron aceptar la constitución, sus bienes fueron incautados para paliar las deudas del Estado y se impuso que fueran elegidos no por la Iglesia sino por la comunidad. En 1791 se dio a luz la Constitución elaborada por los revolucionarios, en la que se establecieron los principios de la Declaración y se fijó la forma de gobierno: a partir de entonces Francia tendría una monarquía constitucional. Así se produjo la división de poderes (el rey, en el ejecutivo) y se estableció el voto censitario, es decir, según las riquezas. Esta nueva forma de gobierno fue realmente novedosa en la historia de Francia, dado que por primera vez una parte de la población podría participar del poder.

Luis XVI tuvo que aceptar los hechos, pero buscó ayuda para detener la Revolución en los emigrados nobles y en los monarcas de Austria, Prusia, España, Holanda y Gran Bretaña, quienes comenzaron la guerra contra los revolucionarios. El rey quiso huir, pero no pudo, ya que lo descubrieron en Verennes. En 1793, durante el Terror sería ejecutado en la guillotina, al igual que María Antonieta. Ante la traición del rey, fue destituido y se formó una Convención Nacional que proclamó la Primera República (1792-1795), hecho crucial para Francia y su historia. La República debió enfrentarse a las monarquías que la acosaban, así como también detener las rebeliones de los realistas franceses.

Dos grupos políticos comenzaron a oponerse, los girondinos, burgueses moderados, y los jacobinos, radicales. Los jacobinos, cuyo líder fue Robespierre, ícono de la historia francesa, defendieron hasta las últimas consecuencias la Revolución social. Establecieron un Comité de Salvación Pública, un Tribunal Revolucionario y una nueva Constitución (1793) en la que propusieron medidas contra la desigualdad económica y establecieron el sufragio universal (aunque no pudo aplicarse por la crisis). Lamentablemente solo se los recuerda en la historia de Francia por la guillotina y el Terror. La reacción termidoriana de 1794 terminó con la República Jacobina y significó el triunfo de los sectores moderados. La Revolución Francesa dio comienzo a la Edad Contemporánea.




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